La adicción se define como una enfermedad crónica y recurrente del cerebro que se caracteriza por la búsqueda y el consumo compulsivo de drogas, a pesar de sus consecuencias nocivas.

Se considera una enfermedad del cerebro porque las drogas modifican este órgano: su estructura y funcionamiento se ven afectados.

Por lo general, la decisión inicial de consumir drogas es voluntaria. Sin embargo, con el consumo continuo, la capacidad de una persona para ejercer el autocontrol puede verse seriamente afectada y, además, cuanto más se abusa más complicado es dejar las drogas.

Y, en consecuencia, mayores son los daños para la salud y para la calidad de vida del afectado.

“El principal problema es que el paciente, en la mayoría de casos, no es consciente de que sufre una adicción y necesita tratamiento, lo cual retrasa mucho la búsqueda de solución al problema”, añade.

Aunque las señales de detección pueden variar según el tipo de adicción y dependiendo de la fase de intoxicación, Descals nos explica 5 señales que pueden ayudar a identificar si existe un problema de adicción:

1.- Cambios en el aspecto físico, como deterioro del aseo personal y sangrados nasales. También es frecuente que los adictos traten de disimular su adicción aplicándose sustancias que puedan ocultar el olor que estas producen (pastillas para el aliento, perfumes, incienso, etc.)

2.- Cambios en el estado de ánimo. La irritabilidad o la depresión son a menudo una señal clara de que existe algún factor que afecta a un comportamiento normal. También puede ser un síntoma la voluntad de pasar más tiempo a solas o la falta de interés por ningún tipo de actividad.

3.- Cambios en el desempeño laboral o escolar. Las adicciones suelen conllevar una mayor distracción y una bajada de rendimiento en el trabajo o, en el caso de los adolescentes, del rendimiento académico.

4.- Cambios en las relaciones familiares y sociales, como un mayor aislamiento o cambios de amistades.

5.- Cambios en las pertenencias y hábitos de consumo. Por ejemplo, la aparición de dinero sin origen lógico o de envoltorios sospechosos.

6.- Cambios en la rutina diaria, como la falta de apetito alternando con episodios de hambre descontrolado.

7.- Problemas de salud frecuentes o molestias físicas, tales como dolores de cabeza y resfriados recurrentes, rojez en los ojos, irritación de garganta, etc.