En el proceso de recuperación de las conductas adictivas no es raro que se produzcan recaídas. Las recaídas suelen darse debido a estados emocionales negativos, como la ansiedad y depresión, a situaciones de estrés, ante el dolor, la presión social al consumo y a la pérdida del control personal. Se suele pensar que las recaídas son un fracaso total, esto es un error.

Las recaídas forman parte del largo proceso que supone romper con una adicción. En lugar de venirse abajo, “tirar la toalla”, y darse a más consumos porque: “total para que…” es conveniente utilizar esta recaída como un elemento de aprendizaje para analizar qué factores la provocaron y aprender de ello para evitar que vuelva a ocurrir en el futuro.

Por lo tanto ¿Qué debo hacer si mi ser querido tiene una recaída? Respire. No se desespere.

¡No entre en pánico! Esto es mucho más fácil decirlo que hacerlo. Por supuesto, la reacción inicial de la mayoría de las familias es el pánico.

No pierdas al familiar de vista Después de que se ha descubierto que el adicto ha vuelto a caer y comenzó a usar drogas y alcohol de nuevo, no importa qué, ¡no debe dejarlos fuera de su vista!

Trate de sacar al familiar del entorno en el que ha acontecido la recaída. Hay que intentar alejarse física y mentalmente de la sustancia.

Ayude al familiar a renovar el compromiso con el abandono de la dependencia y ayúdelo a comprometerse con el mismo a no consumir.

Que establezca metas a corto plazo, por ejemplo: “no consumiré HOY”.

Evite que el familiar se engañe a el mismo con frases como: “mañana empiezo” u “hoy me voy a premiar por haber estado abstinente por tanto tiempo”.

Haga un plan que le permita que el familiar se recupere inmediatamente.

Intentar re-evaluar la situación con calma y revisar los elementos que le han llevado al consumo.

Cuando una persona ve que por sí misma no puede superar su problema, entonces debe buscar ayuda profesional, en especial si ha tenido desintoxicaciones previas.

Lo mismo vale para las familias o amigos. Pedir ayuda no es fracasar o ser débil; muy por el contrario, es una muestra de fortaleza y auto-conocimiento.

Si ve que no puede superar la recaída por sí mismo, otros podrán ayudarle.